En un mundo que administra el conflicto, convierte el sufrimiento en dato y exige rendimiento incluso allí donde debería haber demora, algo insiste y no se deja capturar: el grito del deseo.

El autor propone una reflexión original en la encrucijada entre psicoanálisis, historia y política. A partir de la noción de escena -entendida no como metáfora teatral, sino como condición de inscripción de la experiencia-, recorre las formas contemporáneas de su fragilización: la clausura dictatorial, el adelgazamiento neoliberal y la desmediación técnica.

Desde las dictaduras del Cono Sur y el Plan Cóndor hasta la captura algorítmica del odio, la aceleración sin intervalo y las nuevas formas de administración subjetiva, este libro pregunta qué ocurre cuando el conflicto pierde escena y el deseo queda reducido a rendimiento, adaptación o descarga.

El grito no aparece aquí como celebración del estallido ni como romanticismo de la intensidad. Es leído como resto que insiste y como señal de una abertura: allí donde algo no logró inscribirse, todavía puede reclamar otra escena.

Cuando el deseo grita - Javier García Castiñeiras

$31.900
Cuando el deseo grita - Javier García Castiñeiras $31.900

En un mundo que administra el conflicto, convierte el sufrimiento en dato y exige rendimiento incluso allí donde debería haber demora, algo insiste y no se deja capturar: el grito del deseo.

El autor propone una reflexión original en la encrucijada entre psicoanálisis, historia y política. A partir de la noción de escena -entendida no como metáfora teatral, sino como condición de inscripción de la experiencia-, recorre las formas contemporáneas de su fragilización: la clausura dictatorial, el adelgazamiento neoliberal y la desmediación técnica.

Desde las dictaduras del Cono Sur y el Plan Cóndor hasta la captura algorítmica del odio, la aceleración sin intervalo y las nuevas formas de administración subjetiva, este libro pregunta qué ocurre cuando el conflicto pierde escena y el deseo queda reducido a rendimiento, adaptación o descarga.

El grito no aparece aquí como celebración del estallido ni como romanticismo de la intensidad. Es leído como resto que insiste y como señal de una abertura: allí donde algo no logró inscribirse, todavía puede reclamar otra escena.