“Cualquiera de ustedes diría que solamente al último de los hombres se le puede ocurrir tal cosa. Soy el último de los hombres”, eso escribe Haroldo Conti en uno de los relatos que integran esta antología tan esperada –sabemos ahora–, como imprescindible. Porque acaso como el gaucho, si hay una figura, otro fantasma que recorre la llanura y los descampados de nuestro país, es la figura del linyera, del croto. Pero a diferencia de aquel, a esta altura, pieza de museo y de festivales folklóricos, el linyera y el croto siguen siendo –o invocando– presencias a la orilla del camino, fantasmas de desvío, libertad e intemperie.

De Ricardo Güiraldes a Hebe Uhart, de Fogwill a Enrique Medina, pasando por numerosos hallazgos, Matías Carnevale ha encontrado en nuestra literatura una larga huella de los vagabundos, esas criaturas siempre misteriosas que desde el otro lado de nuestras vidas convencionales nos saludan y se ríen, nos avisan y provocan.

Antología errante. Linyeras y crotos en la literatura argentina - Matías Carnevale (comp.)

$25.000
Antología errante. Linyeras y crotos en la literatura argentina - Matías Carnevale (comp.) $25.000

“Cualquiera de ustedes diría que solamente al último de los hombres se le puede ocurrir tal cosa. Soy el último de los hombres”, eso escribe Haroldo Conti en uno de los relatos que integran esta antología tan esperada –sabemos ahora–, como imprescindible. Porque acaso como el gaucho, si hay una figura, otro fantasma que recorre la llanura y los descampados de nuestro país, es la figura del linyera, del croto. Pero a diferencia de aquel, a esta altura, pieza de museo y de festivales folklóricos, el linyera y el croto siguen siendo –o invocando– presencias a la orilla del camino, fantasmas de desvío, libertad e intemperie.

De Ricardo Güiraldes a Hebe Uhart, de Fogwill a Enrique Medina, pasando por numerosos hallazgos, Matías Carnevale ha encontrado en nuestra literatura una larga huella de los vagabundos, esas criaturas siempre misteriosas que desde el otro lado de nuestras vidas convencionales nos saludan y se ríen, nos avisan y provocan.