Anís, de Hernán Lasque, es un pequeño manojo de relatos exquisitos, como cuando se saborea el sol o se respira el aire suntuoso que deja la lluvia sobre la piel de la ciudad.

En la narrativa de Hernán, los personajes son tomados en el transito de los rituales. Pero algo irrumpe. Sus cuentos son una experiencia con las filtraciones que sobrevienen sobre la membrana que cobija la costumbre, esa grieta por la que entra una melodía de curvas y que nos sacan de un camino y nos ponen en otro. Algo sale del carril habitual y quiebra la dirección de esas vidas. Y la de sus cuerpos. La pericia narrativa de Hernán está en saber contar una historia, pero también darle esa atmósfera que viste las cosas. En algunos casos el relato avanza por un notable uso del dialogo que trasmite intimidad, eso que precisamente es todo diálogo. Pero también, a diferencia de esa tradición que sabe que no se narran los hechos sino los efectos de los hechos, en la poética de Hernán, ambas dimensiones son pensadas bajo el poder que tienen los objeto de perturbar la realidad, distorsionarla, como el perfume de los esmaltes, o el paraguas que, no siendo el accesorio indispensable de un gesto, abre el devenir de un encuentro.

Los personajes y las situaciones en estos relatos nos hacen olvidar del virtuosismo, que se vuelve una fatalidad de la situaciones y los personajes. Hernán tiene esa crudeza de los escritores íntimos y, a la vez, el panorama tridimensional del costumbrismo. Esa combinación lo vuelve rara avis. Quizá porque la verosimilitud es pensada por el sentido común como el repudio de las razones inconfesables, quizá por eso en estos relatos no nos sorprendemos, más bien nos maravillamos.

Gonzalo Marrón.

Anís - Hernán Lasque

$18.000
Anís - Hernán Lasque $18.000

Anís, de Hernán Lasque, es un pequeño manojo de relatos exquisitos, como cuando se saborea el sol o se respira el aire suntuoso que deja la lluvia sobre la piel de la ciudad.

En la narrativa de Hernán, los personajes son tomados en el transito de los rituales. Pero algo irrumpe. Sus cuentos son una experiencia con las filtraciones que sobrevienen sobre la membrana que cobija la costumbre, esa grieta por la que entra una melodía de curvas y que nos sacan de un camino y nos ponen en otro. Algo sale del carril habitual y quiebra la dirección de esas vidas. Y la de sus cuerpos. La pericia narrativa de Hernán está en saber contar una historia, pero también darle esa atmósfera que viste las cosas. En algunos casos el relato avanza por un notable uso del dialogo que trasmite intimidad, eso que precisamente es todo diálogo. Pero también, a diferencia de esa tradición que sabe que no se narran los hechos sino los efectos de los hechos, en la poética de Hernán, ambas dimensiones son pensadas bajo el poder que tienen los objeto de perturbar la realidad, distorsionarla, como el perfume de los esmaltes, o el paraguas que, no siendo el accesorio indispensable de un gesto, abre el devenir de un encuentro.

Los personajes y las situaciones en estos relatos nos hacen olvidar del virtuosismo, que se vuelve una fatalidad de la situaciones y los personajes. Hernán tiene esa crudeza de los escritores íntimos y, a la vez, el panorama tridimensional del costumbrismo. Esa combinación lo vuelve rara avis. Quizá porque la verosimilitud es pensada por el sentido común como el repudio de las razones inconfesables, quizá por eso en estos relatos no nos sorprendemos, más bien nos maravillamos.

Gonzalo Marrón.