(…) Un libro pequeño y contundente, compuesto por dieciséis relatos a los que cuesta encontrarles una descripción simple. Por momentos se acercan al ensayo de arte, en otros al diario íntimo, a la crónica de usos y costumbres del ambiente arty porteño, pero cualquiera de estos climas puede interrumpirse abruptamente por una invasión alienígena o una inundación a gran escala. Cada cuento tiene un movimiento particular que va de una a otra de estas esferas, de un modo impredecible. Tienen en común la inconfundible voz de la autora, que enhebra los momentos guardando dentro de cada relato, como un corazón, un pensamiento sobre el acto de escribir y sobre su relación con la vida cotidiana. Deben ser dos de las cosas que más le interesan y por eso no deja lugar a definiciones banales o establecidas. En cada texto repiensa la cuestión de la mujer que escribe para vivir, que lee para pensar, que vive para escribir, porque los motores de todos esos gestos, la razón individual, colectiva, espiritual o económica, están en permanente disputa. Así es como luego de volcar una certeza sobre el Microcentro, barrio al que la autora acude a buscar inspiración en dos de sus cuentos, pone en duda lo dicho. “Pero bueno… así es la ambigüedad. La ambigüedad generalizada que guía mi existencia”.

 

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Todos los cuadros que tiré - Cecilia Pavón

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(…) Un libro pequeño y contundente, compuesto por dieciséis relatos a los que cuesta encontrarles una descripción simple. Por momentos se acercan al ensayo de arte, en otros al diario íntimo, a la crónica de usos y costumbres del ambiente arty porteño, pero cualquiera de estos climas puede interrumpirse abruptamente por una invasión alienígena o una inundación a gran escala. Cada cuento tiene un movimiento particular que va de una a otra de estas esferas, de un modo impredecible. Tienen en común la inconfundible voz de la autora, que enhebra los momentos guardando dentro de cada relato, como un corazón, un pensamiento sobre el acto de escribir y sobre su relación con la vida cotidiana. Deben ser dos de las cosas que más le interesan y por eso no deja lugar a definiciones banales o establecidas. En cada texto repiensa la cuestión de la mujer que escribe para vivir, que lee para pensar, que vive para escribir, porque los motores de todos esos gestos, la razón individual, colectiva, espiritual o económica, están en permanente disputa. Así es como luego de volcar una certeza sobre el Microcentro, barrio al que la autora acude a buscar inspiración en dos de sus cuentos, pone en duda lo dicho. “Pero bueno… así es la ambigüedad. La ambigüedad generalizada que guía mi existencia”.

 

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