Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños.

Por los alrededores merodean los soldados de distintas guerras y la amante malograda: al anochecer, se escucha la noria susurrada de sus cuitas. Pero es muda la familia que la casa añora: Lucero, su mujer y sus cuatro hijos ¿por qué no vuelven? Precisa y delicada, esta novela conjuga la poesía del litoral con un repertorio procaz de anacronismos.

Selva Almada logra la hazaña de volver audible el transcurrir del tiempo y sensible la obcecación de la naturaleza por recuperar lo que los hombres tomaron siglos atrás.

 

«Leer a Selva Almada es hurgar en el asombro. Su escritura es audaz y sus historias nos hablan tanto de la violencia como de la ternura, tanto de la podredumbre como de la belleza».
Mónica Ojeda

«Selva Almada puede seguir hablando desde las esferas de la soledad de los territorios humanos, condenados desde su misma génesis; de la muerte como una cosa vacía y oscura ; puede seguir hablándonos desde los márgenes, con esa violenta claridad de su lenguaje».
Luis Guillermo Ibarra, La Jornada, México

Una casa sola - Selva Almada

$36.499
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Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños.

Por los alrededores merodean los soldados de distintas guerras y la amante malograda: al anochecer, se escucha la noria susurrada de sus cuitas. Pero es muda la familia que la casa añora: Lucero, su mujer y sus cuatro hijos ¿por qué no vuelven? Precisa y delicada, esta novela conjuga la poesía del litoral con un repertorio procaz de anacronismos.

Selva Almada logra la hazaña de volver audible el transcurrir del tiempo y sensible la obcecación de la naturaleza por recuperar lo que los hombres tomaron siglos atrás.

 

«Leer a Selva Almada es hurgar en el asombro. Su escritura es audaz y sus historias nos hablan tanto de la violencia como de la ternura, tanto de la podredumbre como de la belleza».
Mónica Ojeda

«Selva Almada puede seguir hablando desde las esferas de la soledad de los territorios humanos, condenados desde su misma génesis; de la muerte como una cosa vacía y oscura ; puede seguir hablándonos desde los márgenes, con esa violenta claridad de su lenguaje».
Luis Guillermo Ibarra, La Jornada, México