Meditando acerca del arte cinematográfico a mediados del siglo pasado, María Zambrano establece, sin pretenderlo, un compendio de aspiraciones que años más tarde originaron corrientes de vanguardia como los "nuevos cines" y también variantes en la experimentación audiovisual, como el llamado "cine expandido". Pero ella no se limitó a predecir claves fundamentales en la retórica cinematográfica del futuro. Su pensamiento desvela la trascendencia humanística que entrañan muchas de esas claves. Guiada por eso que ella misma llegó a bautizar como razón poética, supo pronto que las imágenes y sonidos del cine favorecían tránsitos tan extremos como esenciales. Así advirtió que el cine era y es capaz de modificar el modo en que soñamos. Y junto a la conquista de ese estrato tan íntimo del ser, Zambrano destaca otro movimiento decisivo en apariencia opuesto , la proyección del espectador hacia una exterioridad absoluta del mundo en el que vive: "y así, la imagen del Planeta Tierra sorprendido en el espacio, en su desnudez, viene a ser la cifra misma del cine; su símbolo". Aunque su faceta como cinéfila fuese casi desconocida hasta hoy, que esta pensadora se convierta en un referente natural para el estudio y creación en el medio audiovisual no debería sorprendernos.

Ella es la filósofa del tiempo y de los sueños. A esta ecuación fenomenológica, de ensoñaciones que son esculpidas en el tiempo, se entrega toda obra de arte audiovisual o cinematográfica, independientemente de la época a la que pertenezca. Esto explica que mientras ella adopta argumentos propios del momento en que escribe, como el cine de Charles Chaplin o la escuela del neorrealismo italiano, en sus impresiones ya resuenen poéticas como las de Víctor Erice, David Lynch, Chantal Akerman, Pier Paolo Pasolini, Marguerite Duras... y con especial intensidad, la poética de todo un Andrei Tarkovski.

Tiempo y luz. Escritos sobre cine - María Zambrano

$27.000
Tiempo y luz. Escritos sobre cine - María Zambrano $27.000

Meditando acerca del arte cinematográfico a mediados del siglo pasado, María Zambrano establece, sin pretenderlo, un compendio de aspiraciones que años más tarde originaron corrientes de vanguardia como los "nuevos cines" y también variantes en la experimentación audiovisual, como el llamado "cine expandido". Pero ella no se limitó a predecir claves fundamentales en la retórica cinematográfica del futuro. Su pensamiento desvela la trascendencia humanística que entrañan muchas de esas claves. Guiada por eso que ella misma llegó a bautizar como razón poética, supo pronto que las imágenes y sonidos del cine favorecían tránsitos tan extremos como esenciales. Así advirtió que el cine era y es capaz de modificar el modo en que soñamos. Y junto a la conquista de ese estrato tan íntimo del ser, Zambrano destaca otro movimiento decisivo en apariencia opuesto , la proyección del espectador hacia una exterioridad absoluta del mundo en el que vive: "y así, la imagen del Planeta Tierra sorprendido en el espacio, en su desnudez, viene a ser la cifra misma del cine; su símbolo". Aunque su faceta como cinéfila fuese casi desconocida hasta hoy, que esta pensadora se convierta en un referente natural para el estudio y creación en el medio audiovisual no debería sorprendernos.

Ella es la filósofa del tiempo y de los sueños. A esta ecuación fenomenológica, de ensoñaciones que son esculpidas en el tiempo, se entrega toda obra de arte audiovisual o cinematográfica, independientemente de la época a la que pertenezca. Esto explica que mientras ella adopta argumentos propios del momento en que escribe, como el cine de Charles Chaplin o la escuela del neorrealismo italiano, en sus impresiones ya resuenen poéticas como las de Víctor Erice, David Lynch, Chantal Akerman, Pier Paolo Pasolini, Marguerite Duras... y con especial intensidad, la poética de todo un Andrei Tarkovski.