¿Cómo narrar el momento en que el cuerpo irrumpe con un lenguaje ajeno? ¿Cómo seguir viviendo cuando la palabra diagnóstico suspende el tiempo y obliga a reaprender cada gesto? En este libro, una mujer atraviesa la experiencia del cáncer de mama mientras la vida —con su humor, sus afectos, sus rutinas y sus quiebres— insiste en continuar. Entre consultorios, estudios, cirugías y decisiones irreversibles, el cuerpo se vuelve territorio médico y archivo clínico, pero también espacio de memoria, deseo y resistencia. La narración avanza en ese cruce: la burocracia de los protocolos y la textura de lo cotidiano; la pareja en crisis, las amigas, la pasión futbolera y la genealogía familiar como anclaje vital. Lejos del dramatismo y de cualquier épica del padecimiento, el relato se construye desde una mirada precisa, atenta al modo en que la vida se reorganiza mientras todo parece en suspenso. La lectura y la escritura acompañan ese proceso, no para ordenar el caos ni para darle un sentido definitivo, sino para sostenerlo. Aquí no hay heroísmos ni banderas: la guerra es otra cosa. Lo que permanece es, justamente, la persistencia de lo minúsculo y la mirada de quien aprende a observar las sombras en la pared, atenta a esa variación extraña entre lo que el cuerpo es y lo que proyecta. Porque incluso en el caos, siempre hay una tarta que cocinar, un trámite que pelear y una historia —esta historia— que necesita ser escrita.

Prohibido pisar los girasoles - Mariana Cahn

$28.000
Prohibido pisar los girasoles - Mariana Cahn $28.000

¿Cómo narrar el momento en que el cuerpo irrumpe con un lenguaje ajeno? ¿Cómo seguir viviendo cuando la palabra diagnóstico suspende el tiempo y obliga a reaprender cada gesto? En este libro, una mujer atraviesa la experiencia del cáncer de mama mientras la vida —con su humor, sus afectos, sus rutinas y sus quiebres— insiste en continuar. Entre consultorios, estudios, cirugías y decisiones irreversibles, el cuerpo se vuelve territorio médico y archivo clínico, pero también espacio de memoria, deseo y resistencia. La narración avanza en ese cruce: la burocracia de los protocolos y la textura de lo cotidiano; la pareja en crisis, las amigas, la pasión futbolera y la genealogía familiar como anclaje vital. Lejos del dramatismo y de cualquier épica del padecimiento, el relato se construye desde una mirada precisa, atenta al modo en que la vida se reorganiza mientras todo parece en suspenso. La lectura y la escritura acompañan ese proceso, no para ordenar el caos ni para darle un sentido definitivo, sino para sostenerlo. Aquí no hay heroísmos ni banderas: la guerra es otra cosa. Lo que permanece es, justamente, la persistencia de lo minúsculo y la mirada de quien aprende a observar las sombras en la pared, atenta a esa variación extraña entre lo que el cuerpo es y lo que proyecta. Porque incluso en el caos, siempre hay una tarta que cocinar, un trámite que pelear y una historia —esta historia— que necesita ser escrita.