Hay mucho de espectáculo en lo que concierne a Nestor Perlongher, algo así como la encarnación de una escena extraordinaria en el doble sentido ominoso de la palabra; una energía performativa donde decir es hacer y hacer es decir, que pone finalmente incómodos a todos los asistentes de la pieza, los que arrellanados en sus butacas de pana celebran o impugnan, al fin y al cabo desde afuera, las variables de ese acontecer, y cuyo núcleo se desliza en los limites imprecisos de la tragedia y la comedia. Un escorzo semejante al grotesco discepoliano, aunque desde otra perspectiva, donde el punto de fragua es un confín brumoso entre la risa congelada y la dinámica de una lágrima, formateado en variaciones ilusorias de un “movimiento continuo”.

Perlongher - Javier Adúriz

$17.000
Perlongher - Javier Adúriz $17.000

Hay mucho de espectáculo en lo que concierne a Nestor Perlongher, algo así como la encarnación de una escena extraordinaria en el doble sentido ominoso de la palabra; una energía performativa donde decir es hacer y hacer es decir, que pone finalmente incómodos a todos los asistentes de la pieza, los que arrellanados en sus butacas de pana celebran o impugnan, al fin y al cabo desde afuera, las variables de ese acontecer, y cuyo núcleo se desliza en los limites imprecisos de la tragedia y la comedia. Un escorzo semejante al grotesco discepoliano, aunque desde otra perspectiva, donde el punto de fragua es un confín brumoso entre la risa congelada y la dinámica de una lágrima, formateado en variaciones ilusorias de un “movimiento continuo”.