Mirar. Sólo se trata de mirar. Y Walter Godoy lleva adelante en Luchemos por la ida una decidida muestra de lo que un buen par de ojos puede hacer con un poema.

Hay en estos textos un desplazamiento en términos (y los valores que los acompañan) para lograr una poesía descarnada que parece desarmar al mundo en el aire a fuerza de concentrar la vista. Cierto "yo" aparece en movimiento, recorriendo paisajes que abruman al que lee, a ese que observa cual voyeur por la exótica ventana del vecino, ese que también termina abriéndole las puertas a lo impensado: ¿Cristian Aldana presidente de la Argentina? ¿Obreros levantando "puré de piedra"? ¿Guerra abierta entre poetas y diseñadores gráficos? A todo eso, sí.

Godoy pone en evidencia, en definitiva, por qué este momento de la poesía tiene entidad propia: sin necesidad de caer en inocuos llamados a la novedad absoluta -cada tanto alguna contratapa la anuncia-, Luchemos por la ida se alimenta de la narrativa (¿puede la poesía ser ciencia ficción?), para trazar la figura de una poesía contundente, puntual, inclemente. 

La poesía de Godoy podrá entrar por los ojos, o quizás por los oídos, pero deja su urticante huella en todos los sentidos: digamos, un notable intento de sinestesia poética

Fernando Bogado

Luchemos Por la Ida - Walter Godoy

$840
Luchemos Por la Ida - Walter Godoy $840

Mirar. Sólo se trata de mirar. Y Walter Godoy lleva adelante en Luchemos por la ida una decidida muestra de lo que un buen par de ojos puede hacer con un poema.

Hay en estos textos un desplazamiento en términos (y los valores que los acompañan) para lograr una poesía descarnada que parece desarmar al mundo en el aire a fuerza de concentrar la vista. Cierto "yo" aparece en movimiento, recorriendo paisajes que abruman al que lee, a ese que observa cual voyeur por la exótica ventana del vecino, ese que también termina abriéndole las puertas a lo impensado: ¿Cristian Aldana presidente de la Argentina? ¿Obreros levantando "puré de piedra"? ¿Guerra abierta entre poetas y diseñadores gráficos? A todo eso, sí.

Godoy pone en evidencia, en definitiva, por qué este momento de la poesía tiene entidad propia: sin necesidad de caer en inocuos llamados a la novedad absoluta -cada tanto alguna contratapa la anuncia-, Luchemos por la ida se alimenta de la narrativa (¿puede la poesía ser ciencia ficción?), para trazar la figura de una poesía contundente, puntual, inclemente. 

La poesía de Godoy podrá entrar por los ojos, o quizás por los oídos, pero deja su urticante huella en todos los sentidos: digamos, un notable intento de sinestesia poética

Fernando Bogado