Hay novelas que llegan demasiado pronto y otras demasiado tarde. Publicada en 1958, antes del trabajo monumental de Osvaldo Bayer, Los dueños de la tierra vuelve sobre los hechos que precedieron a la Patagonia Rebelde de 1921, pero discute, con décadas de anticipación, la relación entre propiedad, Estado y violencia, que el presente no ha resuelto. Desde las primeras páginas no se impone un argumento ni una explicación, sino un clima: el viento patagónico, la lana acumulándose en los galpones, los precios cayendo, la lejanía entre las estancias, el rumor de un estallido que todavía no irrumpe pero ya está en marcha. Y cuando la propiedad se siente amenazada, el orden —que parecía civilización— revela que también, y sobre todo, es fuerza. Leída hoy, la novela vuelve sobre un problema que ha permanecido latente. La concentración de la tierra y del capital persiste bajo formas más sofisticadas. De hecho, en el presente hay menos dueños que acumulan cada vez más. El conflicto cambia de forma, pero no de sustancia.

Los dueños de la tierra - David Viñas

$27.000
Los dueños de la tierra - David Viñas $27.000

Hay novelas que llegan demasiado pronto y otras demasiado tarde. Publicada en 1958, antes del trabajo monumental de Osvaldo Bayer, Los dueños de la tierra vuelve sobre los hechos que precedieron a la Patagonia Rebelde de 1921, pero discute, con décadas de anticipación, la relación entre propiedad, Estado y violencia, que el presente no ha resuelto. Desde las primeras páginas no se impone un argumento ni una explicación, sino un clima: el viento patagónico, la lana acumulándose en los galpones, los precios cayendo, la lejanía entre las estancias, el rumor de un estallido que todavía no irrumpe pero ya está en marcha. Y cuando la propiedad se siente amenazada, el orden —que parecía civilización— revela que también, y sobre todo, es fuerza. Leída hoy, la novela vuelve sobre un problema que ha permanecido latente. La concentración de la tierra y del capital persiste bajo formas más sofisticadas. De hecho, en el presente hay menos dueños que acumulan cada vez más. El conflicto cambia de forma, pero no de sustancia.