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Jean-François Lyotard llamó Lecturas de infancia un libro suyo que recoge ensayos sobre Joyce, Kafka, Arendt o Freud, y que no parece remitir al título; aclaraba este, sin embargo, en un breve preliminar: nombraría un límite activo en toda escritura y que la constituye: «Nadie sabe escribir. Cada cual, sobre todo el más grande, escribe para atrapar por y en el texto algo que él no sabe escribir. Que no se dejará escribir». Esta imposibilidad impulsa una búsqueda de lo que no se conoce con certeza, para lo que no se encuentran fácilmente las palabras: un núcleo que mueve y alimenta, pero del que no se llega a hablar. Así, el título recuerda la etimología: infans, el que no habla: «una infancia que no es una edad de la vida y que no pasa». Aunque un último quiebro de esa nota previa devolvía a la edad: «Lo que no se deja escribir, en lo escrito, llama quizá a un lector que no sabe ya leer o no sabe todavía: ancianos, niños del jardín de infancia, disparatando sobre su libro abierto».

Lecturas de infancia - J. F. Lyotard

$468
Lecturas de infancia - J. F. Lyotard $468

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Jean-François Lyotard llamó Lecturas de infancia un libro suyo que recoge ensayos sobre Joyce, Kafka, Arendt o Freud, y que no parece remitir al título; aclaraba este, sin embargo, en un breve preliminar: nombraría un límite activo en toda escritura y que la constituye: «Nadie sabe escribir. Cada cual, sobre todo el más grande, escribe para atrapar por y en el texto algo que él no sabe escribir. Que no se dejará escribir». Esta imposibilidad impulsa una búsqueda de lo que no se conoce con certeza, para lo que no se encuentran fácilmente las palabras: un núcleo que mueve y alimenta, pero del que no se llega a hablar. Así, el título recuerda la etimología: infans, el que no habla: «una infancia que no es una edad de la vida y que no pasa». Aunque un último quiebro de esa nota previa devolvía a la edad: «Lo que no se deja escribir, en lo escrito, llama quizá a un lector que no sabe ya leer o no sabe todavía: ancianos, niños del jardín de infancia, disparatando sobre su libro abierto».