Tras la muerte de Alberto Laiseca, el 22 de diciembre de 2016, un grupo de asistentes a sus míticos talleres literarios se propuso escribir esta biografía inusual, bajo el cariñoso mote de Chanchín que usaba el Maestro para referirse indistintamente a sus discípulos y discípulas. Almada, Millán Pastori, Naveira, Pandolfelli y Rodríguez Simón recuperaron experiencias, anécdotas y testimonios, revisaron montañas de originales, y entrevistaron a figuras públicas y desconocidas. Mago y monstruo, escritor oriental, figura mediática, soldado, operario, jornalero, niño solitario… Las versiones de Laiseca se funden en la cortina espectral del humo de su cigarrillo. Y trascienden: este magnético relato coral refleja, intacta, la capacidad del Maestro de incomodar a la literatura argentina.

 

 

 

«Laiseca era como una sombra de oro. Hay un hexagrama que habla de la fuerza de lo mínimo. La fuerza de la suavidad. Eso tenía él: la gran potencia de lo suave».
Fernando Noy

 

«Ayer encuentro con Laiseca. Un raro tipo, versión sajona de la cara de David Viñas, pero construyendo una obra mitológica, ciencia ficción y delirio, quiere irse a vivir a Estados Unidos, escribir en inglés, ser como Pynchon o como Philip K. Dick o Vonnegut. Pero es muy pobre, un pobre que cuenta los fósforos y no ya los cigarrillos...».
Ricardo Piglia

Laiseca, el Maestro. Un retrato íntimo - Chanchin

$25.999
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Tras la muerte de Alberto Laiseca, el 22 de diciembre de 2016, un grupo de asistentes a sus míticos talleres literarios se propuso escribir esta biografía inusual, bajo el cariñoso mote de Chanchín que usaba el Maestro para referirse indistintamente a sus discípulos y discípulas. Almada, Millán Pastori, Naveira, Pandolfelli y Rodríguez Simón recuperaron experiencias, anécdotas y testimonios, revisaron montañas de originales, y entrevistaron a figuras públicas y desconocidas. Mago y monstruo, escritor oriental, figura mediática, soldado, operario, jornalero, niño solitario… Las versiones de Laiseca se funden en la cortina espectral del humo de su cigarrillo. Y trascienden: este magnético relato coral refleja, intacta, la capacidad del Maestro de incomodar a la literatura argentina.

 

 

 

«Laiseca era como una sombra de oro. Hay un hexagrama que habla de la fuerza de lo mínimo. La fuerza de la suavidad. Eso tenía él: la gran potencia de lo suave».
Fernando Noy

 

«Ayer encuentro con Laiseca. Un raro tipo, versión sajona de la cara de David Viñas, pero construyendo una obra mitológica, ciencia ficción y delirio, quiere irse a vivir a Estados Unidos, escribir en inglés, ser como Pynchon o como Philip K. Dick o Vonnegut. Pero es muy pobre, un pobre que cuenta los fósforos y no ya los cigarrillos...».
Ricardo Piglia