Ya lo inevitable tuvo hace tiempo lugar

Esa mañana, en el puerto de Lipsos, subieron a una barca. El mar estaba en calma y había sol. Había unos veinte viajeros, turistas casi todos. Se oía el ronroneo del motor. La barca saldría hacia Patmos en unos minutos, con retraso. Se sentaron en el banco de babor. Él le agarró una mano y no dijo nada. El mar estaba en calma, y había sol.

–Jeanne, dijo Carlos, como en un suspiro, y el sonido se apoyó sobre todo en las enes, se deslizó hacia las enes como un silencio y allí significó, fueron dos enes, ahí estaba el nombre.

«Lo más difícil es decir su nombre, en aquellos momentos lo más difícil es decir su nombre, darle por demás existencia propia, independiente, aceptarle un nombre dejarle demasiada vida o apropiármela entera, hacerme con ella al hacerme con su nombre, al hacer de su nombre una palabra de mi léxico» (Carlos, París, 1982).

–Para tentar el olvido, por ejemplo, el recuerdo.

 

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La Noche Anterior - Martín Caparrós

$540
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Ya lo inevitable tuvo hace tiempo lugar

Esa mañana, en el puerto de Lipsos, subieron a una barca. El mar estaba en calma y había sol. Había unos veinte viajeros, turistas casi todos. Se oía el ronroneo del motor. La barca saldría hacia Patmos en unos minutos, con retraso. Se sentaron en el banco de babor. Él le agarró una mano y no dijo nada. El mar estaba en calma, y había sol.

–Jeanne, dijo Carlos, como en un suspiro, y el sonido se apoyó sobre todo en las enes, se deslizó hacia las enes como un silencio y allí significó, fueron dos enes, ahí estaba el nombre.

«Lo más difícil es decir su nombre, en aquellos momentos lo más difícil es decir su nombre, darle por demás existencia propia, independiente, aceptarle un nombre dejarle demasiada vida o apropiármela entera, hacerme con ella al hacerme con su nombre, al hacer de su nombre una palabra de mi léxico» (Carlos, París, 1982).

–Para tentar el olvido, por ejemplo, el recuerdo.

 

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