“Mientras lee, uno no deja de pensar, aunque por tramos, no continuamente, en Mark Twain. Está la barra de amigos, que se la juega para bajar a La Cloaca. Hay aventura, pero también zambullidas en profundidades: el racismo en Huckleberry Finn, la falta de confianza que corroe toda seguridad a través del carácter escurridizo permanente de los valores.
Un elemento esencial que conviene dejar de lado, por la manía actual de no “espoilear” la trama, son los camarones. Variados, alimenticios, entre siniestros y grotescos, darán paso a una inserción original y generadora de acción relacionada con la postguerra de Malvinas.

La personalidad del narrador es compleja. Tiene una conciencia profunda de su fealdad, de su falta de eficacia, pero también de su tozudez. A despecho del padre chanta y frío, de la madre que elige con aún más decisión la fuga, la construcción de la personalidad propia se va haciendo sacando algún elemento o rasgo a seguir en cada vuelta del camino laberíntico de su vida.

Guillermo Ferreyro se instala en uno de los buenos lugares para un autor, sobre todo de una novela como esta. Es y no es el pibe del principio, el joven de después, el que llega al final dudando junto con el protagonista de si resistirá cada bandazo de la trama, la forma de hurgar en los lugares que parecen menos agradables. Casi acompaña jadeante a su delegado en el despliegue de aventuras, de personajes siniestros, de peligros de muerte”.

Elvio E. Gandolfo

 

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La Cloaca - Guillermo Ferreyro

$750
La Cloaca - Guillermo Ferreyro $750

“Mientras lee, uno no deja de pensar, aunque por tramos, no continuamente, en Mark Twain. Está la barra de amigos, que se la juega para bajar a La Cloaca. Hay aventura, pero también zambullidas en profundidades: el racismo en Huckleberry Finn, la falta de confianza que corroe toda seguridad a través del carácter escurridizo permanente de los valores.
Un elemento esencial que conviene dejar de lado, por la manía actual de no “espoilear” la trama, son los camarones. Variados, alimenticios, entre siniestros y grotescos, darán paso a una inserción original y generadora de acción relacionada con la postguerra de Malvinas.

La personalidad del narrador es compleja. Tiene una conciencia profunda de su fealdad, de su falta de eficacia, pero también de su tozudez. A despecho del padre chanta y frío, de la madre que elige con aún más decisión la fuga, la construcción de la personalidad propia se va haciendo sacando algún elemento o rasgo a seguir en cada vuelta del camino laberíntico de su vida.

Guillermo Ferreyro se instala en uno de los buenos lugares para un autor, sobre todo de una novela como esta. Es y no es el pibe del principio, el joven de después, el que llega al final dudando junto con el protagonista de si resistirá cada bandazo de la trama, la forma de hurgar en los lugares que parecen menos agradables. Casi acompaña jadeante a su delegado en el despliegue de aventuras, de personajes siniestros, de peligros de muerte”.

Elvio E. Gandolfo

 

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