La literatura es también un laboratorio que permite experimentos raros: por ejemplo, la cruza de Fogwill con Horacio Quiroga. En una probeta se podrían mezclar la maligna conciencia total de la época del primero con la profunda emotividad del fraseo del segundo. El estilo de los cuentos de Federico Watkins sería esos gremlins feroces. “Lo único que teníamos era la violencia, y la violencia nos había fallado”, escribe por ahí. Los cuentos de Watkins reponen efectivamente tanto una violencia como un humor a veces cruel, a veces irónico, siempre criollo y eficaz. Y la pobreza, todas las plagas que trae la pobreza, empezando por la necesidad. También escribe, “Con la plata me pasó algo espectacular: empecé a tener planes”, y eso me recordó una de las reglas de Vonnegut para el cuento, aquello de que cada personaje debe querer algo, aunque solo sea un vaso de agua. Todos los personajes de Watkins están sedientos. En tiempos donde los escritores profesionales renuncian sin vergüenza ni culpa al arte y la función del cuento, Watkins escribe esta serie con título perfecto y con algunos -“Volver a la plaza”, “El cielo cayendo”, “Shakira”- de los mejores de los últimos años. Honda humanidad se lee de un tirón, en una tarde, en una noche, en una madrugada, se lo lee muy rápido porque el libro te aprieta y te recuerda que siempre estás en peligro. Edgardo Scott

Honda humanidad - Federico Watkins

$25.000
Honda humanidad - Federico Watkins $25.000

La literatura es también un laboratorio que permite experimentos raros: por ejemplo, la cruza de Fogwill con Horacio Quiroga. En una probeta se podrían mezclar la maligna conciencia total de la época del primero con la profunda emotividad del fraseo del segundo. El estilo de los cuentos de Federico Watkins sería esos gremlins feroces. “Lo único que teníamos era la violencia, y la violencia nos había fallado”, escribe por ahí. Los cuentos de Watkins reponen efectivamente tanto una violencia como un humor a veces cruel, a veces irónico, siempre criollo y eficaz. Y la pobreza, todas las plagas que trae la pobreza, empezando por la necesidad. También escribe, “Con la plata me pasó algo espectacular: empecé a tener planes”, y eso me recordó una de las reglas de Vonnegut para el cuento, aquello de que cada personaje debe querer algo, aunque solo sea un vaso de agua. Todos los personajes de Watkins están sedientos. En tiempos donde los escritores profesionales renuncian sin vergüenza ni culpa al arte y la función del cuento, Watkins escribe esta serie con título perfecto y con algunos -“Volver a la plaza”, “El cielo cayendo”, “Shakira”- de los mejores de los últimos años. Honda humanidad se lee de un tirón, en una tarde, en una noche, en una madrugada, se lo lee muy rápido porque el libro te aprieta y te recuerda que siempre estás en peligro. Edgardo Scott