La guerra no ha acabado para mí, continúa ahora en las calles. Si ese terruco no hubiese tenido la camiseta, lo mataba sin pena… dice Coyote, uno de los personajes que pueblan los relatos de Este amor no es para cobardes, marcando la perspectiva que experimentaremos en ese universo cargado de historias que se suele bautizar como “generación”.

Punk, fútbol, pasión por Alianza, códigos, instituciones y personas se friccionan en la particular literatura de Martín Roldán Ruiz; su voz se enciende para modificar la realidad, ese realismo sucio y soez, subvirtiendo las voces del centro, del poder, por las que circulan en los bordes.  

Si con Generación cochebomba Roldán Ruiz daba testimonio de la violencia través de los ojos de una generación descreída, En Este amor... encontramos los estertores de aquella época que, jaloneados por la incredulidad y las noches de combate en la cancha, se entregan a largas jornadas de amistad, camaradería y, por supuesto, amor valiente por la camiseta.   

Este amor no es para cobardes - Martín Roldán Ruiz

$15.000
Este amor no es para cobardes - Martín Roldán Ruiz $15.000

La guerra no ha acabado para mí, continúa ahora en las calles. Si ese terruco no hubiese tenido la camiseta, lo mataba sin pena… dice Coyote, uno de los personajes que pueblan los relatos de Este amor no es para cobardes, marcando la perspectiva que experimentaremos en ese universo cargado de historias que se suele bautizar como “generación”.

Punk, fútbol, pasión por Alianza, códigos, instituciones y personas se friccionan en la particular literatura de Martín Roldán Ruiz; su voz se enciende para modificar la realidad, ese realismo sucio y soez, subvirtiendo las voces del centro, del poder, por las que circulan en los bordes.  

Si con Generación cochebomba Roldán Ruiz daba testimonio de la violencia través de los ojos de una generación descreída, En Este amor... encontramos los estertores de aquella época que, jaloneados por la incredulidad y las noches de combate en la cancha, se entregan a largas jornadas de amistad, camaradería y, por supuesto, amor valiente por la camiseta.