Las copas de los árboles que se agitan como banderas sobre el muro que oculta de cada cosa el tronco para quienes estamos del otro lado esparcen el aroma a incienso y producen un silbido en la tiznado por carne que se consume en hornos de la chacarita quien resolvió la altura sabía que algún día sólo árboles podrían verse desde la ciudad que funciona como si allí no hubiera suponer que la belleza siempre oculta horror sería negar tesoros que descansan bajo la superficie del mundo cuando el viajero pretende algo más que cacharros y si ahora viene la pregunta de por qué junto tantas biblias aclaro tía Berta, es por la tapa dura, la prédica no habla yo también apuesto al muro biblias como ladrillos huecos impiden conexión entre ambos lados funcionan como aislante del sonido hasta ahora tengo cien, ciento veinte no parece mucho aunque apiladas bastan para agitar mi torso y preservar el resto

Es el fin del mundo, Tía Berta - Gabriel Reches

$16.000
Es el fin del mundo, Tía Berta - Gabriel Reches $16.000

Las copas de los árboles que se agitan como banderas sobre el muro que oculta de cada cosa el tronco para quienes estamos del otro lado esparcen el aroma a incienso y producen un silbido en la tiznado por carne que se consume en hornos de la chacarita quien resolvió la altura sabía que algún día sólo árboles podrían verse desde la ciudad que funciona como si allí no hubiera suponer que la belleza siempre oculta horror sería negar tesoros que descansan bajo la superficie del mundo cuando el viajero pretende algo más que cacharros y si ahora viene la pregunta de por qué junto tantas biblias aclaro tía Berta, es por la tapa dura, la prédica no habla yo también apuesto al muro biblias como ladrillos huecos impiden conexión entre ambos lados funcionan como aislante del sonido hasta ahora tengo cien, ciento veinte no parece mucho aunque apiladas bastan para agitar mi torso y preservar el resto