«Caminé por un mundo en guerra intentando comprender. No me lo contaron. Estuve allí, y esto es lo que vi». Este libro reúne, en orden cronológico, una selección de crónicas y reportajes escritos en los setenta y los ochenta, a los que se añaden los artículos publicados en las últimas décadas sobre conflictos pasados y presentes, dignidad y cobardía, verdad y manipulación. En estas páginas compartimos la memoria de un hombre que estuvo donde muy pocos querían estar y contó lo que muchos prefieren olvidar. «La guerra se queda en tu cabeza y ya no te abandona jamás. No son sólo nombres y rostros. También los lugares retornan con la misma terquedad: Mostar, Sarajevo, Vukovar, Beirut, Malabo, Kassala, Managua, Yamena, Paso de la Yegua, Jartum, Bucarest, Nairobi, El Aaiún, Bagdad, Luanda, Maputo, Tessenei, Petrinja... Con el tiempo los recuerdos se vuelven racimos de cerezas, donde unas tiran de otras: un nombre trae una esquina acribillada a tiros; una ciudad trae un rostro; una habitación de hotel devuelve una conversación; una soledad o una música te hacen recordar una carretera, una sonrisa o una tumba. Y no se trata de nostalgia, sino del simple archivo de una larga vida. Del material con el que luego uno escribe novelas y algunas noches, desvelado en la oscuridad, paga el p recio de haber mirado tanto tiempo al ser humano sin apartar los ojos» 

Enviado especial - Arturo Pérez-Reverte

$51.999
Enviado especial - Arturo Pérez-Reverte $51.999

«Caminé por un mundo en guerra intentando comprender. No me lo contaron. Estuve allí, y esto es lo que vi». Este libro reúne, en orden cronológico, una selección de crónicas y reportajes escritos en los setenta y los ochenta, a los que se añaden los artículos publicados en las últimas décadas sobre conflictos pasados y presentes, dignidad y cobardía, verdad y manipulación. En estas páginas compartimos la memoria de un hombre que estuvo donde muy pocos querían estar y contó lo que muchos prefieren olvidar. «La guerra se queda en tu cabeza y ya no te abandona jamás. No son sólo nombres y rostros. También los lugares retornan con la misma terquedad: Mostar, Sarajevo, Vukovar, Beirut, Malabo, Kassala, Managua, Yamena, Paso de la Yegua, Jartum, Bucarest, Nairobi, El Aaiún, Bagdad, Luanda, Maputo, Tessenei, Petrinja... Con el tiempo los recuerdos se vuelven racimos de cerezas, donde unas tiran de otras: un nombre trae una esquina acribillada a tiros; una ciudad trae un rostro; una habitación de hotel devuelve una conversación; una soledad o una música te hacen recordar una carretera, una sonrisa o una tumba. Y no se trata de nostalgia, sino del simple archivo de una larga vida. Del material con el que luego uno escribe novelas y algunas noches, desvelado en la oscuridad, paga el p recio de haber mirado tanto tiempo al ser humano sin apartar los ojos»