Karen Barad, y en particular sus conceptos de intra-acción y enredamiento, se han convertido en una referencia ubicua en los estudios sobre ciencia, ecología y tecnociencia, y en las teorías feministas y queer. Profundamente contemporánea en sus preocupaciones, puede hablar de nanotecnología, del uso biomimético de la naturaleza, de la construcción del feto y la maternidad a través de las prácticas ecográficas; puede dialogar con Donna Haraway y Rosi Braidotti, y polemizar con Foucault y Judith Butler.

Pero la ambición de su proyecto excede la contemporaneidad en sentido estrecho, y pone a su “realismo agencial” a la altura de las grandes filosofías que han transformado la manera en la que vemos el universo, y por lo tanto a nosotros mismos. Apoyándose en la filosofía-física de Niels Bohr, repitiendo como un mantra que “somos una parte de esa naturaleza que buscamos entender”, Barad describe al universo como un proceso permanente de intra-acciones y enredamientos, en el cual algunas partes se vuelven inteligibles para otras, y desde el cual surgen –y por lo tanto nunca pueden darse por sentadas– las delimitaciones y propiedades que distinguen materia y significado, sujeto y objeto, naturaleza y cultura, individuo y sociedad, humano y no-humano.

La apuesta –que es y debe ser simultáneamente ontológica, epistemológica y ética– es evidente: salir por arriba del laberinto de dicotomías al que nos han llevado el absolutismo de un materialismo naturalista ingenuo y el relativismo necio del constructivismo social.

Encontrarse con el universo a medio camino - Karen Barad

$51.700
Encontrarse con el universo a medio camino - Karen Barad $51.700

Karen Barad, y en particular sus conceptos de intra-acción y enredamiento, se han convertido en una referencia ubicua en los estudios sobre ciencia, ecología y tecnociencia, y en las teorías feministas y queer. Profundamente contemporánea en sus preocupaciones, puede hablar de nanotecnología, del uso biomimético de la naturaleza, de la construcción del feto y la maternidad a través de las prácticas ecográficas; puede dialogar con Donna Haraway y Rosi Braidotti, y polemizar con Foucault y Judith Butler.

Pero la ambición de su proyecto excede la contemporaneidad en sentido estrecho, y pone a su “realismo agencial” a la altura de las grandes filosofías que han transformado la manera en la que vemos el universo, y por lo tanto a nosotros mismos. Apoyándose en la filosofía-física de Niels Bohr, repitiendo como un mantra que “somos una parte de esa naturaleza que buscamos entender”, Barad describe al universo como un proceso permanente de intra-acciones y enredamientos, en el cual algunas partes se vuelven inteligibles para otras, y desde el cual surgen –y por lo tanto nunca pueden darse por sentadas– las delimitaciones y propiedades que distinguen materia y significado, sujeto y objeto, naturaleza y cultura, individuo y sociedad, humano y no-humano.

La apuesta –que es y debe ser simultáneamente ontológica, epistemológica y ética– es evidente: salir por arriba del laberinto de dicotomías al que nos han llevado el absolutismo de un materialismo naturalista ingenuo y el relativismo necio del constructivismo social.