Igual que a Cortázar, Neruda o Lorca, pegarle a Pizarnik es más fácil que la tabla del cero. Es cierto que los tiempos cambian y las personas también: lo que antes uno veía desde lejos, ahí, en la periferia emocional, ahora ocupa un lugar central, y viceversa. En ese sentido tinianovesco, no estaría mal apagar un rato esa voz oscura, perturbada pero amable, sin altanerías de intelectualoide como era la de Pizarnik. Hasta que uno se encuentra con EL TESTIGO LÚCIDO.

Texto publicado originalmente en el 2003, hoy tiene una reedición por Entropía. Sade, Yourcenar, Breton, Klossowski, Octavio Paz, Barthes, Poe, Derrida o Perlongher aparecen en estas páginas para tratar de entender la obra de sombra, como llama Negroni, los “textos malditos” de la producción de Pizarnik: La condesa sangrienta, Los poseídos entre lilas y La bucanera de Pernambuco o Hilda, La polígrafa.

Trece textos y un prólogo que decodifican ese sistema intrincado de Pizarnik, a veces contradictorio, donde el verso, la prosa, la pena y la ironía son patas de esa mesa antigua, algo deslucida y con marcas de vasos; mueble que guarda en sus cajones el olor a la infancia y a todos sus monstruos.

 

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El Testigo Lúcido - María Negroni

$690
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Igual que a Cortázar, Neruda o Lorca, pegarle a Pizarnik es más fácil que la tabla del cero. Es cierto que los tiempos cambian y las personas también: lo que antes uno veía desde lejos, ahí, en la periferia emocional, ahora ocupa un lugar central, y viceversa. En ese sentido tinianovesco, no estaría mal apagar un rato esa voz oscura, perturbada pero amable, sin altanerías de intelectualoide como era la de Pizarnik. Hasta que uno se encuentra con EL TESTIGO LÚCIDO.

Texto publicado originalmente en el 2003, hoy tiene una reedición por Entropía. Sade, Yourcenar, Breton, Klossowski, Octavio Paz, Barthes, Poe, Derrida o Perlongher aparecen en estas páginas para tratar de entender la obra de sombra, como llama Negroni, los “textos malditos” de la producción de Pizarnik: La condesa sangrienta, Los poseídos entre lilas y La bucanera de Pernambuco o Hilda, La polígrafa.

Trece textos y un prólogo que decodifican ese sistema intrincado de Pizarnik, a veces contradictorio, donde el verso, la prosa, la pena y la ironía son patas de esa mesa antigua, algo deslucida y con marcas de vasos; mueble que guarda en sus cajones el olor a la infancia y a todos sus monstruos.

 

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