Capitana de mi encierro cuenta el momento en el que se interrumpió el tiempo. En plena pandemia, mientras las redes y las comunicaciones virtuales nos agotaban, el mundo, siendo solamente mundo, se volvió extraño. La poesía fue una manera de nombrarse o nombrar el pasado, la realidad, la propia historia. Palabras suspendidas como lágrimas a punto de caer. Poemas como islas en las que refugiarse, y entonces el deseo, que asoma duplicado: “desnudas nos observamos / nos repetimos feroces sobre el vacío”.

Virginia Janza

Escribir poesía es un ejercicio de atención, de escucha consciente, de observación más allá de la superficie de las cosas. Es ese rumor que surge, que se gesta, en la intimidad del habla, como señala Bellessi. Lo común y lo cotidiano cobran aquí relevancia porque lo que se expande es la mirada. Como restos luminosos de un naufragio, los poemas de Jésica Szyszlican emergen como pequeños destellos, como íntimas celebraciones de que la palabra sigue siendo esa red que sostiene.

Washington Atencio

Capitana de mi encierro - Jésica Szyszlican

$35.000
Capitana de mi encierro - Jésica Szyszlican $35.000

Capitana de mi encierro cuenta el momento en el que se interrumpió el tiempo. En plena pandemia, mientras las redes y las comunicaciones virtuales nos agotaban, el mundo, siendo solamente mundo, se volvió extraño. La poesía fue una manera de nombrarse o nombrar el pasado, la realidad, la propia historia. Palabras suspendidas como lágrimas a punto de caer. Poemas como islas en las que refugiarse, y entonces el deseo, que asoma duplicado: “desnudas nos observamos / nos repetimos feroces sobre el vacío”.

Virginia Janza

Escribir poesía es un ejercicio de atención, de escucha consciente, de observación más allá de la superficie de las cosas. Es ese rumor que surge, que se gesta, en la intimidad del habla, como señala Bellessi. Lo común y lo cotidiano cobran aquí relevancia porque lo que se expande es la mirada. Como restos luminosos de un naufragio, los poemas de Jésica Szyszlican emergen como pequeños destellos, como íntimas celebraciones de que la palabra sigue siendo esa red que sostiene.

Washington Atencio