“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?”, se pregunta Noemí Frenkel, nieta de un rabino ortodoxo, interpelada por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano. Un Yo viaja hacia el misterio de un bosque ensoñado, persistente, que invita a revisar la memoria personal y colectiva. Ahí yacen, nunca revelados, los nombres de sus parientes asesinados en el Holocausto. La protagonista asume el compromiso de ponerle voz al trauma familiar que es, pero no solamente, el trauma tatuado en la condición judía. Y en tanto escribe sobre el pasado, a partir del 7 de octubre de 2023, la matanza cotidiana de inocentes la empujará, además, a un diálogo urgente con ese otro lado, no admitido, de la historia: la del pueblo palestino. La narración migra del hogar tradicional a la militancia estudiantil a comienzos de los 70. La madre y otros desencuentros afectivos, la dictadura, los amigos desaparecidos, el camino del arte, el activismo feminista y siempre, en escena, el intento de sentir y pensar en medio de la confusión. Entre el relato autobiográfico, el ensayo, y la crónica del viaje a Polonia en 2022, la novela compone una trama híbrida que recoge otras voces, migra del Yo al Tú, y denuncia la sintaxis de la enemistad y el rencor. Este libro se ofrece para la conversación e invoca el entendimiento, un puente para cruzar los muros de odio e interés que aíslan a los pueblos.

 


Dice Martín Kohan: “En Bosque migrante. Una judía se desarma hay un yo que se desgarra, que vacila, trastabilla, que no sabe de sí o que, creyendo saber, se equivoca y se pregunta y entonces tiene que volver a empezar. El lenguaje preciso de la novela realza lo que en el yo de la trama se vuelve equívoco, sobre todo, en lo que hace a la condición de ser judía. Y es ahí donde Noemí Frenkel compone un texto de singular intensidad: la crisis de identidad como forma de identidad, de la identidad judía. A ese movimiento, tan bien trazado en la narración, va Frenkel a adosarle otro: el del relato del viaje a Europa y el registro de la visita ritual a los campos de exterminio donde encuentra, admirablemente, el núcleo dramático de su verdad, que es la verdad del dolor. Lo que con tanta lucidez estableció Hannah Arendt: me odian por ser judía, entonces ahora soy judía. La experiencia del dolor transcurre, reveladora, y permite regresar de otra forma a las escenas familiares y sus sentidos.”

Bosque migrante. Una judía se desarma - Noemí Frenkel

$28.000
Bosque migrante. Una judía se desarma - Noemí Frenkel $28.000

“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?”, se pregunta Noemí Frenkel, nieta de un rabino ortodoxo, interpelada por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano. Un Yo viaja hacia el misterio de un bosque ensoñado, persistente, que invita a revisar la memoria personal y colectiva. Ahí yacen, nunca revelados, los nombres de sus parientes asesinados en el Holocausto. La protagonista asume el compromiso de ponerle voz al trauma familiar que es, pero no solamente, el trauma tatuado en la condición judía. Y en tanto escribe sobre el pasado, a partir del 7 de octubre de 2023, la matanza cotidiana de inocentes la empujará, además, a un diálogo urgente con ese otro lado, no admitido, de la historia: la del pueblo palestino. La narración migra del hogar tradicional a la militancia estudiantil a comienzos de los 70. La madre y otros desencuentros afectivos, la dictadura, los amigos desaparecidos, el camino del arte, el activismo feminista y siempre, en escena, el intento de sentir y pensar en medio de la confusión. Entre el relato autobiográfico, el ensayo, y la crónica del viaje a Polonia en 2022, la novela compone una trama híbrida que recoge otras voces, migra del Yo al Tú, y denuncia la sintaxis de la enemistad y el rencor. Este libro se ofrece para la conversación e invoca el entendimiento, un puente para cruzar los muros de odio e interés que aíslan a los pueblos.

 


Dice Martín Kohan: “En Bosque migrante. Una judía se desarma hay un yo que se desgarra, que vacila, trastabilla, que no sabe de sí o que, creyendo saber, se equivoca y se pregunta y entonces tiene que volver a empezar. El lenguaje preciso de la novela realza lo que en el yo de la trama se vuelve equívoco, sobre todo, en lo que hace a la condición de ser judía. Y es ahí donde Noemí Frenkel compone un texto de singular intensidad: la crisis de identidad como forma de identidad, de la identidad judía. A ese movimiento, tan bien trazado en la narración, va Frenkel a adosarle otro: el del relato del viaje a Europa y el registro de la visita ritual a los campos de exterminio donde encuentra, admirablemente, el núcleo dramático de su verdad, que es la verdad del dolor. Lo que con tanta lucidez estableció Hannah Arendt: me odian por ser judía, entonces ahora soy judía. La experiencia del dolor transcurre, reveladora, y permite regresar de otra forma a las escenas familiares y sus sentidos.”