Este libro es la declaración de un compromiso. En un momento en el que la filosofía y la política buscan la comunidad como algo a recuperar y lo común como algo a producir colectivamente, Garcés propone un paso atrás: descubrir el mundo común en el que ya estamos, queramos o no, implicados. Parte de la pregunta por el nosotros y desemboca en una voz en singular capaz de decir "esta vida es mía". Esos son los aprendizajes del pensamiento crítico y de los movimientos sociales de estas dos últimas décadas, que tienen que ver con la capacidad que tenemos de hacer un mundo común, sin necesidad de planificar ni esperar nuevos mundos. Así lo ratifica la potencia actual del feminismo y de sus alianzas cada vez más fuertes con el ecologismo y con distintas formas de anticapitalismo. La dimensión común del ser que somos no se reduce a ninguna identidad única, sino precisamente a esta potencia de compartir lo que nos separa. 

Apropiarnos de nuestra vida es, hoy, liberar la riqueza del mundo que compartimos. Para ello, el pensamiento crítico necesita ganar una nueva perspectiva: la de un cuerpo involucrado en la vida como problema común. 

La crisis argentina de 2001 fue para muchos de nosotros un anticipo del futuro que se avecinaba: no una excepción sino un campo de pruebas de hasta dónde se podía tensar el tejido social, con una combinación de violencia financiera y de despotismo político. Fue obvio que hay grietas que el sistema puede soportar. Y así ha sido. Estas dos décadas de siglo que llevamos ya recorridas han ido desgarrando los tejidos y polarizando los "nosotros".

Del prólogo a la edición argentina

 

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Un mundo común - Marina Garcés

$1.090
Un mundo común - Marina Garcés $1.090

Este libro es la declaración de un compromiso. En un momento en el que la filosofía y la política buscan la comunidad como algo a recuperar y lo común como algo a producir colectivamente, Garcés propone un paso atrás: descubrir el mundo común en el que ya estamos, queramos o no, implicados. Parte de la pregunta por el nosotros y desemboca en una voz en singular capaz de decir "esta vida es mía". Esos son los aprendizajes del pensamiento crítico y de los movimientos sociales de estas dos últimas décadas, que tienen que ver con la capacidad que tenemos de hacer un mundo común, sin necesidad de planificar ni esperar nuevos mundos. Así lo ratifica la potencia actual del feminismo y de sus alianzas cada vez más fuertes con el ecologismo y con distintas formas de anticapitalismo. La dimensión común del ser que somos no se reduce a ninguna identidad única, sino precisamente a esta potencia de compartir lo que nos separa. 

Apropiarnos de nuestra vida es, hoy, liberar la riqueza del mundo que compartimos. Para ello, el pensamiento crítico necesita ganar una nueva perspectiva: la de un cuerpo involucrado en la vida como problema común. 

La crisis argentina de 2001 fue para muchos de nosotros un anticipo del futuro que se avecinaba: no una excepción sino un campo de pruebas de hasta dónde se podía tensar el tejido social, con una combinación de violencia financiera y de despotismo político. Fue obvio que hay grietas que el sistema puede soportar. Y así ha sido. Estas dos décadas de siglo que llevamos ya recorridas han ido desgarrando los tejidos y polarizando los "nosotros".

Del prólogo a la edición argentina

 

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