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En Córdoba hace varios años hubo un debate entre escritores jóvenes acerca de qué era el realismo y qué relación existía entre esa escuela y lo que se escribía en la provincia. El supuesto, claro, era que no había literatura fuera de los límites de la tradición realista. Supuesto que no tenía mucho sentido y que varios, por diversas razones más políticas que estéticas, se encargaron de reproducir y de difundir. Lamberti, creo yo, de manera más que creativa, viene a superar esas discusiones de antaño y propone una escritura (seguida de precisas instrucciones de lectura) sostenida desde la más radical de las diferencias.

“El Loro que podía adivinar el futuro” es un texto compuesto por seis relatos. Lo que siguen son aproximaciones para cada uno. “Perfectos accidentes ridículos”, el primero de los cuentos, presenta una narración compuesta por fragmentos que como esquirlas, dibujan un paisaje con personajes de barrio de fondo. Un joven que tiene el don de la telequinesis que le funciona en forma esporádica cuando nadie está cerca. Un relato, como de iniciación, en el que el suicidio deja una cicatriz difícil de ocultar en la experiencia del narrador. Un personaje que es una suerte de imán para accidentes mínimos y recurrentes como si tuviese vaya a saber qué clase de magnetismo para atraer la desgracia.

“La canción que cantábamos todos los días” es la historia de una vivencia semejante a una abducción en la que el hermano del narrador (sobresale el uso de la primera persona en casi todo el libro) ingresa a un bosque por un tiempo breve en plenas vacaciones familiares y re.aparece con una personalidad completamente nueva y distinta como si fuera otra persona u otro ser. La madre, el padre, el mismo narrador, nunca vuelven a la rutina de todos los días. El manejo de la intriga es magistral a lo largo de la narración sumado a un proceso si se quiere de decantación de los personajes que los ubica en situaciones límites y los transforma hasta el punto del desconocimiento.

El relato “Algunas notas del país de los gigantes” es un cuento que guarda cierta relación, quizá como un guiño textual, con el texto de Ballard “El gigante ahogado”. El trabajo narrativo que realiza Lamberti es complejo: saltos en el tiempo, historias paralelas unidas por la figura del gigante, múltiples géneros literarios (aventuras, fantástico, s.f) en un mismo espacio de la ficción. Y en simultáneo es un relato, algo que sucede con el libro en conjunto, que admite muchas lecturas. Uno se imagina desde lectores adolescentes hasta lecturas más críticas en términos formales provenientes de ámbitos más estudiosos.

Recuerdo que en una época había una serie de televisión llamada “Carnivale” en la que los miembros de una comunidad circense definían el destino del cosmos y de la tierra. El cuento “La feria integral de Oklahoma” me recordó esa serie de HBO. De nuevo Lamberti introduce elementos de un universo outsider (o borderline) a partir de la figura del Freaki como eje que articula los elementos narrativos. Me acuerdo también que cuando yo era chico había una película, que ahora es de culto, con Tom Hanks que se llamaba Big. En el film Tom Hanks es un niño en una feria de juegos clásicos (entiéndase en este caso por clásico sinónimo de mecánico es decir: montañas rusas, bowling, tiro al blanco y conejitos de peluche de premio) le pide a una máquina con la forma de una astróloga crecer y volverse grande sin tener que sufrir la adolescencia. Es curioso porque en el cuento de Lamberti se propone una reflexión sobre el paso del tiempo en cada uno de nosotros y nos propone pensar, a la vez, en un tono nostálgico por momentos, en nuestro pasado y en esos proyectos que quedan orbitando a medio terminar por fuera de nuestras vidas.

Un relato que me dio ganas de re.leer e a William Gibson y Philip Dick es “La vida es buena bajo el mar”. Otra vez las reglas que configuran el universo de la ficción lambertiana se sostienen a lo largo y ancho de todo el relato. Digo reglas del universo de Lamberti como podría decir reglas del universo de ficción en sí. Lo que sucede es que el autor en este caso cuando parece que el relato está resuelto y se ha cerrado por completo le encuentra una vuelta de tuerca para que gire, levite, en otra dirección completamente nueva. Eso es lo que ocurre aquí. Una raza de otro mundo convive con los humanos, como en MIB si se quiere, son una especie de obreros altamente calificados con dones para resolver problemas abstractos e intelectuales pero con una profunda sensación de abandono, parecido al caso de Superman y su planeta natal Kryptón, que los deprime por completo. En el camino un psicólogo especializado en estas criaturas comienza a consumir sus drogas y realiza recorridos que son literalmente viajes astrales.

Por último “El loro que podía adivinar el futuro” que le da nombre a la serie de cuentos narra el encuentro de un personaje con un ave que es tan vieja como nuestro planeta. Desde un primer momento llama la atención, como en la película “In the Mouth of Mandess”, el tono cosmogónico que asume el relato y el funcionamiento del enigma semejante a las narraciones de Carpenter donde fuerzas sobrenaturales obligan a frágiles y endebles seres humanos a cumplir con una misión específica que puede alterar el orden de lo real tal como lo conocemos.

No es fácil, a pesar de algunos nombres propios que he citado anteriormente, trazar relaciones de parentesco entre los cuentos de este libro y tradiciones de la literatura argentina. Lamberti nos enseña que no hay temas menores en la literatura y eso, amigos, a esta altura, de seguro que no es poco.-Lo único que se me ocurre es el caso de Charlie Feiling, por ejemplo “El mal menor”, una novela formidable en la que Feiling se posiciona en la línea de autores como Stephen King, sin olvidar sus textos críticos reunidos en “Con toda intención”. O sino el “Libro de los géneros” de Elvio Gandolfo donde brinda una teoría y práctica de aquellas narraciones que han sido periféricas (subalternas) en Argentina. Según Wilkipedia los gigantes son criaturas humanoides de tamaño y fuerza prodigiosos, un tipo de monstruos legendarios que aparecen en historias de muy diferentes razas y culturas. Quizá esa sea la dimensión, a modo de analogía, de los relatos publicados por Editorial Nudista el año pasado.

 

El loro que podía adivinar el futuro - Luciano Lamberti

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En Córdoba hace varios años hubo un debate entre escritores jóvenes acerca de qué era el realismo y qué relación existía entre esa escuela y lo que se escribía en la provincia. El supuesto, claro, era que no había literatura fuera de los límites de la tradición realista. Supuesto que no tenía mucho sentido y que varios, por diversas razones más políticas que estéticas, se encargaron de reproducir y de difundir. Lamberti, creo yo, de manera más que creativa, viene a superar esas discusiones de antaño y propone una escritura (seguida de precisas instrucciones de lectura) sostenida desde la más radical de las diferencias.

“El Loro que podía adivinar el futuro” es un texto compuesto por seis relatos. Lo que siguen son aproximaciones para cada uno. “Perfectos accidentes ridículos”, el primero de los cuentos, presenta una narración compuesta por fragmentos que como esquirlas, dibujan un paisaje con personajes de barrio de fondo. Un joven que tiene el don de la telequinesis que le funciona en forma esporádica cuando nadie está cerca. Un relato, como de iniciación, en el que el suicidio deja una cicatriz difícil de ocultar en la experiencia del narrador. Un personaje que es una suerte de imán para accidentes mínimos y recurrentes como si tuviese vaya a saber qué clase de magnetismo para atraer la desgracia.

“La canción que cantábamos todos los días” es la historia de una vivencia semejante a una abducción en la que el hermano del narrador (sobresale el uso de la primera persona en casi todo el libro) ingresa a un bosque por un tiempo breve en plenas vacaciones familiares y re.aparece con una personalidad completamente nueva y distinta como si fuera otra persona u otro ser. La madre, el padre, el mismo narrador, nunca vuelven a la rutina de todos los días. El manejo de la intriga es magistral a lo largo de la narración sumado a un proceso si se quiere de decantación de los personajes que los ubica en situaciones límites y los transforma hasta el punto del desconocimiento.

El relato “Algunas notas del país de los gigantes” es un cuento que guarda cierta relación, quizá como un guiño textual, con el texto de Ballard “El gigante ahogado”. El trabajo narrativo que realiza Lamberti es complejo: saltos en el tiempo, historias paralelas unidas por la figura del gigante, múltiples géneros literarios (aventuras, fantástico, s.f) en un mismo espacio de la ficción. Y en simultáneo es un relato, algo que sucede con el libro en conjunto, que admite muchas lecturas. Uno se imagina desde lectores adolescentes hasta lecturas más críticas en términos formales provenientes de ámbitos más estudiosos.

Recuerdo que en una época había una serie de televisión llamada “Carnivale” en la que los miembros de una comunidad circense definían el destino del cosmos y de la tierra. El cuento “La feria integral de Oklahoma” me recordó esa serie de HBO. De nuevo Lamberti introduce elementos de un universo outsider (o borderline) a partir de la figura del Freaki como eje que articula los elementos narrativos. Me acuerdo también que cuando yo era chico había una película, que ahora es de culto, con Tom Hanks que se llamaba Big. En el film Tom Hanks es un niño en una feria de juegos clásicos (entiéndase en este caso por clásico sinónimo de mecánico es decir: montañas rusas, bowling, tiro al blanco y conejitos de peluche de premio) le pide a una máquina con la forma de una astróloga crecer y volverse grande sin tener que sufrir la adolescencia. Es curioso porque en el cuento de Lamberti se propone una reflexión sobre el paso del tiempo en cada uno de nosotros y nos propone pensar, a la vez, en un tono nostálgico por momentos, en nuestro pasado y en esos proyectos que quedan orbitando a medio terminar por fuera de nuestras vidas.

Un relato que me dio ganas de re.leer e a William Gibson y Philip Dick es “La vida es buena bajo el mar”. Otra vez las reglas que configuran el universo de la ficción lambertiana se sostienen a lo largo y ancho de todo el relato. Digo reglas del universo de Lamberti como podría decir reglas del universo de ficción en sí. Lo que sucede es que el autor en este caso cuando parece que el relato está resuelto y se ha cerrado por completo le encuentra una vuelta de tuerca para que gire, levite, en otra dirección completamente nueva. Eso es lo que ocurre aquí. Una raza de otro mundo convive con los humanos, como en MIB si se quiere, son una especie de obreros altamente calificados con dones para resolver problemas abstractos e intelectuales pero con una profunda sensación de abandono, parecido al caso de Superman y su planeta natal Kryptón, que los deprime por completo. En el camino un psicólogo especializado en estas criaturas comienza a consumir sus drogas y realiza recorridos que son literalmente viajes astrales.

Por último “El loro que podía adivinar el futuro” que le da nombre a la serie de cuentos narra el encuentro de un personaje con un ave que es tan vieja como nuestro planeta. Desde un primer momento llama la atención, como en la película “In the Mouth of Mandess”, el tono cosmogónico que asume el relato y el funcionamiento del enigma semejante a las narraciones de Carpenter donde fuerzas sobrenaturales obligan a frágiles y endebles seres humanos a cumplir con una misión específica que puede alterar el orden de lo real tal como lo conocemos.

No es fácil, a pesar de algunos nombres propios que he citado anteriormente, trazar relaciones de parentesco entre los cuentos de este libro y tradiciones de la literatura argentina. Lamberti nos enseña que no hay temas menores en la literatura y eso, amigos, a esta altura, de seguro que no es poco.-Lo único que se me ocurre es el caso de Charlie Feiling, por ejemplo “El mal menor”, una novela formidable en la que Feiling se posiciona en la línea de autores como Stephen King, sin olvidar sus textos críticos reunidos en “Con toda intención”. O sino el “Libro de los géneros” de Elvio Gandolfo donde brinda una teoría y práctica de aquellas narraciones que han sido periféricas (subalternas) en Argentina. Según Wilkipedia los gigantes son criaturas humanoides de tamaño y fuerza prodigiosos, un tipo de monstruos legendarios que aparecen en historias de muy diferentes razas y culturas. Quizá esa sea la dimensión, a modo de analogía, de los relatos publicados por Editorial Nudista el año pasado.