(…) Queremos acercarnos a su novela Cielos de Córdoba, título menos provocador, acaso de otras insinuaciones; con la resonancia poética que surge de la combinación entre los “cielos” en plural, con su adscripción provinciana.  Su fuerza está en ese incruste. Córdoba tiene “cielos”, multiformes y variados, que se ciernen sobre nuestras existencias.

Estamos hablando de una prosa de otro tono, en esta novela. Hay una solapada tristeza, atravesada por la indiferencia y la monotonía que impone el orden de lo cotidiano. No se perciben en la misma intensidad los destellos de humor que iluminan sus cuentos. Es un relato en tonos de grises, con apenas algunas pinceladas de pálidos colores que rompen de vez en cuando la monocromía.

La historia narrada es de una aparente simpleza, que va a revelar de un modo progresivo su velada complejidad. Tino es un chico de trece años. Tiene a su madre internada en el hospital, por un mal irreversible. Vive con su padre, sumido en la soledad y la pobreza, quien ha montado en su casa un museo de ovnis. Hombre de ensombrecida presencia, pasa sus noches hasta altas horas avistando el cielo desde un sillón. Vive un universo ajeno, de aristas delirantes, casi sin comunicación con el hijo.  Existencias paralelas que solo se tocan en fugaces momentos cotidianos. El sillón está adaptado para el paso interminable de las horas en guardia. Por ejemplo, lleva una radio a pilas atada con cintas en el apoyabrazos. Con esto, no hace falta decir más nada. Desde esa situación de una virtual orfandad, Tino deberá hacer frente a las incertidumbres de la vida adolescente, las angustias, sus primeras experiencias genitales, su soledad, su desamparo…

 

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Cielos de Córdoba - Federico Falco

$690
Cielos de Córdoba - Federico Falco $690

(…) Queremos acercarnos a su novela Cielos de Córdoba, título menos provocador, acaso de otras insinuaciones; con la resonancia poética que surge de la combinación entre los “cielos” en plural, con su adscripción provinciana.  Su fuerza está en ese incruste. Córdoba tiene “cielos”, multiformes y variados, que se ciernen sobre nuestras existencias.

Estamos hablando de una prosa de otro tono, en esta novela. Hay una solapada tristeza, atravesada por la indiferencia y la monotonía que impone el orden de lo cotidiano. No se perciben en la misma intensidad los destellos de humor que iluminan sus cuentos. Es un relato en tonos de grises, con apenas algunas pinceladas de pálidos colores que rompen de vez en cuando la monocromía.

La historia narrada es de una aparente simpleza, que va a revelar de un modo progresivo su velada complejidad. Tino es un chico de trece años. Tiene a su madre internada en el hospital, por un mal irreversible. Vive con su padre, sumido en la soledad y la pobreza, quien ha montado en su casa un museo de ovnis. Hombre de ensombrecida presencia, pasa sus noches hasta altas horas avistando el cielo desde un sillón. Vive un universo ajeno, de aristas delirantes, casi sin comunicación con el hijo.  Existencias paralelas que solo se tocan en fugaces momentos cotidianos. El sillón está adaptado para el paso interminable de las horas en guardia. Por ejemplo, lleva una radio a pilas atada con cintas en el apoyabrazos. Con esto, no hace falta decir más nada. Desde esa situación de una virtual orfandad, Tino deberá hacer frente a las incertidumbres de la vida adolescente, las angustias, sus primeras experiencias genitales, su soledad, su desamparo…

 

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